viernes, agosto 19, 2005

-¿Dónde estás?
-En medio de la nada.
-¿Y qué haces?
-Simplemente evadirme.
Son cerca las nueve de la noche. No se ve el sol pero todavía es de día. Sola, en un banco de madera. Acompañada por un bolígrado de propaganda y un portafolios (también de publicidad) y del viento. Secador de pelo gratuito, que dificulta la tarea activa. Bocanadas de aire impulsan la melena directamente a ojos y nariz. Sutíaenbolas. Tras el pretil de piedra, el mar abierto. Detrás hierba. No excesivamente verde.
Comienza a aparecer gente....
es hora de emigrar.
Me levanto. De repente. Midiendo mis pasos y mirando al frente. Dejo de oir rechinar la gravilla. Ahora los coches, en su constante vaivén sin sentido aparente, son mi música de fondo. Blanco-negro-blanco-negro. Así hasta seis. En el callejón. Ya. Estrecho. Decandente. Con mal olor incorporado aunque ahora tenga el aroma agotado. Delante de mí un conguito. Camino a paso firme. Casi a diez centímetros del individuo. Nervioso, gira su diminuta cabeza. La suela de goma de las alpargatas ya no hace ruido. El silencio me envuelte. Siento las piernas frías, a pesar de la marcha. Me oprime el pecho. El imperativo me envía. Retorno.