martes, agosto 16, 2005

La bola de cristal

Conociendo el futuro...
y deseando que no se cumpla la profecía....


Algún día desapareceré, me compraré el abrigo de olvido más caro que encuentre y me iré sin mediar palabra. El bien se abrirá paso gracias a mi nueva adquisición. Aunque haga calor saldré con él a la calle. Con unas gafas de sol muy anchas. De estas tipo poli de los años 70 u 80. No se deben ver mis ojeras, ni la prostitución de mi alma. Que tapen, que tapen. Pasearé por la noche y dormiré de día. Con el único objetivo de devolver un libro que tengo en casa. Dejar que se pudra en su origen. Dar marcha atrás aunque me duela hacerlo. Ras.
Sobrevolaré los tejados el 28 de agosto y el 12 de octubre. Fechas al azar. Para que nada destile recuerdo. Una botella de Coes será mi compañera. Le compraré un lazo rosa, bien grande. Incluso un gusano de seda si se porta bien.
La habitación estaba decorada a base de falsos hechos: las paredes tupidas de fotos que nunca significaron nada, pero que quieren labrarse su porvenir a base de ser tan vistas y comentadas; una bandera prohibida en el fondo de un armario para poder decir "soy libre y reto a la norma"; un cajón sin nada que esconder, una ducha compartida, una nevera de coca cola roja y un oso de peluche que nunca le gustó. Un armario atiborrado de ropa chic y zapatos choc y un corazón muy vacío en el centro de su alma. Algún día, cuando lo compró o vació aprendió a llenarlo de papel albal para que pareciese tupidito, suave y relleno [él se debatía noche a noche entre la vida y la muerte. Cuando aprendió por primera vez el arte del relleno, también debió asistir al obradoiro de zurcimiento de alas rotas. Ya no volaban. Estaban en el balconcillo al sol. De adorno. En un tiempo remoto consagró todos sus esfuerzos a conocer el arte del pájaro. "I only fly away, I´m like a bird". Tan lejos estaba de aquello. Aquello.


Haré todo lo posible para no caer...