"Este armazón de huesos y pellejo"
Me preparé un baño de espuma hasta arriba, cogí velas, las encendí y coloqué mi ordenador con una lista de reproducción de mis canciones favoritas chill out y capítulos de mi serie. Quería escapar una vez más de todo. De manera extraña y, en contra de todo pronóstico, cada vez lo veía más claro: mi alma estaba negra. Negra-carbón. No podría aguantar mucho tiempo de esa forma. Era algo así como intentar permanecer en la bañera más de una hora, cuando ya tienes la piel completamente a lo pasa de Corinto, empezando a notar el agua fría y viendo como la cera de las velas resbala cayendo por todos lados y comienzas a consumirte tú, a su vez. Era algo insostenible. Está comprobado que cuanto más insostenible se hace una cosa más se desea mantener. Duele saberlo. No, lo que duele es no tener el calor. Eso es. Duele saber que te quedas petrificado en un mar de agua fría cuando hace apenas unas unidades hervía a borbotones y desprendía oleadas de vapor, las velas olían y el portátil todavía tenía batería. Sí, era así.
Suena el teléfono. La piel estaba fría, tiritaba. El gato encima de la toalla de la cabeza y con tus piernas sin respuesta. Que lo coja otro. Al final, acabas saliendo. El aparato ya no suena.
Pero todavía tengo los dedos arrugados y las toallas envolviéndome.
t + k´s .....
Suena el teléfono. La piel estaba fría, tiritaba. El gato encima de la toalla de la cabeza y con tus piernas sin respuesta. Que lo coja otro. Al final, acabas saliendo. El aparato ya no suena.
Pero todavía tengo los dedos arrugados y las toallas envolviéndome.
t + k´s .....
